lunes, 25 de octubre de 2010

Celephais (H.P.Lovecraft)





En un sueño Kuranes vio la ciudad del valle y la costa que había más allá, y el pico que dominaba el mar, y las galeras pintadas de alegres colores que zarpan desde el puerto rumbo a las distantes regiones donde el mar se junta con los cielos. También en un sueño consiguió el nombre de Kuranes, ya que durante la vigilia era llamado de forma distinta. Quizás le fue natural el soñar un nombre nuevo, ya que era el último de su estirpe y se hallaba solo entre las muchedumbres indiferentes de Londres, por lo que no había demasiados que pudieran hablar con él y recordarle quién había sido. Había perdido sus tierras y dineros, y no se preocupaba de los hábitos de la gente alrededor, ya que prefería soñar y plasmar tales sueños. Cuanto escribiera había despertado la hilaridad de aquellos a los que se lo había mostrado, y, por último, dejó de escribir. Cuanto más se retiraba del mundo inmediato, más maravillosos se volvían sus sueños, y hubiera sido casi inútil el intentar traspasarlos al papel. Kuranes no era un hombre moderno, y no tenía las miras de otros que también escriben. Mientras ellos pugnaban por despojar a la vida de las ornadas vestimentas del mito, Kuranes tan sólo aspiraba a la belleza. Cuando la verdad y la experiencia no se la mostraron, se volvió hacia la fantasía y la ilusión, hallándola en sus mismos umbrales, entre los nebulosos recuerdos de los cuentos de su niñez y entre los sueños.
No hay mucha gente que sepa cuántas maravillas se les abren en las historias y visiones de juventud, ya que cuando somos niños oímos y soñamos, albergamos ideas a medio cuajar, y cuando al hacernos hombres intentamos recordar, nos vemos estorbados y convertidos en seres prosaicos por el veneno de la vida. Pero algunos de nosotros nos despertamos en mitad de la noche entre extraños fantasmas de colinas y jardines encantados, de fuentes cantarinas al sol, de acantilados dorados a la vera de mares rumorosos, de llanuras abiertas en torno a somnolientas ciudades de bronce y piedra, de la severa compañía de héroes cabalgando blancos caballos engualdrapados junto a espesas selvas; y entonces sabremos que hemos vuelto los ojos a las puertas de marfil del mundo de prodigios que fuera nuestro antes de convertirnos en sabios e infelices.
Kuranes volvió de súbito al viejo mundo de la infancia. Había estado soñando con la casa donde naciera; el gran hogar de piedra cubierto por la hiedra, donde vivieran trece generaciones de antepasados, y donde hubiera ansiado morir. Lucía la luna, y él se había escabullido por la fragante noche veraniega; atravesó jardines, bajó terrazas, dejó atrás los grandes robles y recorrió el largo camino blanquecino hacia el pueblo. La villa parecía muy antigua, con sus límites tan reducidos como aquella luna que comenzaba a menguar, y Kuranes se preguntó si bajo los tejados picudos de las casitas se albergaría el sueño o la muerte. Las malas hierbas crecían en las calles, y los cristales de las ventanas a ambos lados se encontraban rotos o acechaban transparentes. Kuranes no se demoró, antes bien prosiguió trabajosamente, como al reclamo de alguna meta. No osó desobedecer su llamada por miedo a que se revelase como una ilusión similar a las necesidades y aspiraciones de la vigilia, que no conducen a destino alguno. Luego se sintió atraído hacia un callejón que salía del casco de la ciudad rumbo a los acantilados del canal y alcanzó el final de las cosas... el precipicio y el abismo donde el pueblo y el mundo entero se desplomaban abruptamente en una vacuidad sin sonidos de infinito, y donde el cielo por delante se hallaba a oscuras, despojado de la menguante luna o de las acechantes estrellas. La confianza le urgió a proseguir sobre el precipicio, en el abismo por donde descendió flotando, flotando, flotando; pasó oscuridad, incorporeidad, sueños no soñados, esferas débilmente iluminadas que podían ser sueños soñados a medias y burlones seres alados que parecían mofarse de los soñadores de todos los mundos. Entonces pareció abrirse una falla en la oscuridad de delante y vio la ciudad del valle, refulgiendo de forma radiante a lo lejos, lejos y abajo, con el trasfondo del mar y del cielo, y la montaña cubierta de nieves al pie de la orilla.
Kuranes se despertó en el mismo instante de vislumbrar la ciudad, aunque gracias a aquel fugaz vistazo supo que no se trataba sino de Celephaïs, en el valle de Ooth-Nargai, más allá de las colinas Tanarias, donde su espíritu morara durante toda la eternidad de una hora, una tarde de verano, mucho tiempo atrás, cuando se había escapado de su aya y había permitido que la cálida brisa marina le acunara hasta alcanzar el sueño mientras observaba las nubes desde los riscos próximos al pueblo. Entonces se había resistido, cuando lo encontraron, lo despertaron y lo llevaron de vuelta a casa, ya que justo al despertar había estado al borde de embarcar en una galera dorada rumbo a esas seductoras regiones donde el mar se reúne con el cielo. Y ahora
se sentía igualmente molesto de despertar, ya que había reencontrado su fabulosa ciudad tras cuarenta fatigosos años.
Pero Kuranes volvió a Celephaïs tres noches después. Como anteriormente, soñó al principio con el pueblo durmiente o muerto, y con el abismo por el que uno debía caer flotando en el silencio; luego apareció de nuevo el acantilado y pudo contemplar los resplandecientes minaretes de la ciudad, y vio las galeras llenas de gracia fondeadas en el puerto azul, y observó los gingkos de monte Aran meciéndose con la brisa marina. Pero esta vez no se vio bruscamente arrebatado y fue a posarse tan suavemente como un ser alado sobre una colina herbosa, hasta que al fin sus pies reposaron sin violencia sobre el césped. Había por fin regresado al valle de Ooth-Nargai y a la esplendorosa ciudad de Celephaïs.
Kuranes fue cuesta abajo entre hierbas aromáticas y flores brillantes, cruzó el burbujeante Naraxa por el puentecillo de madera sobre el que grabara su nombre tantos años atrás, y cruzó las susurrantes arboledas rumbo al gran puente de piedra que llevaba a las puertas de la ciudad. Todo seguía como antes; ni las murallas marmóreas se habían descolorido, ni se habían deslucido las estatuas de bronce que las coronaban. Y Kuranes vio que no debía temer que las cosas que conociera hubieran desaparecido, ya que incluso los centinelas de las murallas eran los mismos, y tan jóvenes como los recordaba. Al entrar en la ciudad, cruzando las puertas de bronce y pisando el pavimento de ónice, los mercaderes y los camelleros lo saludaban como si no se hubiera marchado jamás; y le ocurrió lo mismo en el templo de turquesa de Nath-Horthath, donde los sacerdotes tocados de orquídeas le informaron de que el tiempo no existe en Ooth-Nargai, sino tan sólo juventud eterna. Entonces Kuranes fue por la calle de las Columnas hasta el muro marítimo, donde se reunían mercaderes y marineros, así como extrañas gentes llegadas de las regiones donde el mar se junta con el cielo. Allí
estuvo largo rato, oteando sobre el puerto brillante donde el oleaje centellea bajo un sol desconocido y donde se encuentran listas para zarpar las galeras de lugares lejanos. Y contempló también al monte Aran alzándose regiamente sobre la orilla, las suaves laderas verdes con sus árboles balanceándose y su cima blanca rozando las nubes.
Más que nunca, Kuranes sintió el anhelo de embarcar en una galera rumbo a los lejanos lugares sobre los que había oído contar tantas extrañas historias, y buscó de nuevo al capitán que había aceptado enrolarlo hacía tanto tiempo. Encontró a aquel hombre, Athib, sentado sobre el mismo cofre de especias que ocupara antaño, y Athib no parecía ser consciente de cuánto tiempo había transcurrido. Entonces los dos remaron hasta una galera del puerto y, dando órdenes a los remeros, comenzaron a bogar sobre el ondulante mar Cerenio que conduce hasta el cielo. Durante varios días se deslizaron sobre el mar agitado hasta alcanzar por fin el horizonte, donde el mar se reúne con el firmamento. Aquí la galera no llegó a detenerse, sino que fue flotando despacio por el azul celeste entre nubes de algodón teñidas de rosa. Y muy por debajo de la quilla, Kuranes llegó a divisar extrañas tierras y ríos y ciudades de arrebatadora belleza, tendidas indolentes al resplandor de un sol que nunca parecía menguar o desaparecer. Al fin Athib le comunicó que el viaje estaba próximo a concluir, y que pronto arribarían al puerto de Serannian, la ciudad de mármol rojo de las nubes, que ha sido edificada en esa etérea costa donde el viento del poniente sopla por los cielos; pero cuando la más alta de las torres talladas de la ciudad apareció a la vista, se produjo un sonido en algún lugar y Kuranes despertó en su buhardilla de Londres.
Durante muchos meses, Kuranes buscó en vano la maravillosa ciudad de Celephaïs y sus galeras celestiales; y aunque sus sueños le llevaron a multitud de lugares magníficos, nunca antes narrados, nadie de cuantos se cruzó fue capaz de indicarle cómo encontrar Ooth-Nargai, más allá de la colinas Tanarias. Una noche sobrevoló oscuras montañas donde ardían mortecinos y solitarios fuegos de campamento, a una gran distancia, y había extraños rebaños de seres velludos cuyos guías portaban resonantes campanillas; y en la parte más salvaje de aquel montañoso distrito, tan remoto que pocos hombres habían llegado a verlo, encontró un muro o calzada de piedra, de espantosa antigüedad, zigzagueando entre las cimas y los valles; demasiado grande incluso para haber sido construido por manos humanas, y de tal longitud que ninguno de sus extremos estaba a la vista. Más allá del muro, en el alba gris, llegó a una tierra de pintorescos jardines y cerezos, y al alzarse el sol pudo contemplar la belleza de flores rojas y blancas, follajes verdes y céspedes, caminos blancos, arroyos cristalinos, estanques azules, puentes tallados y pagodas de tejados rojos; y buscó a la gente de esa tierra, pero comprobó que allí no había nadie, fuera de pájaros, abejas y mariposas. Otra noche Kuranes se acercó a una escalera espiral de piedra, húmeda y sin fin, y llegó a una ventana de una torre que dominaba una gran llanura y un río a la luz de la luna llena, y en aquella silenciosa ciudad que se extendía por la orilla del río creyó columbrar algún rasgo o aspecto nunca antes visto. Hubiera bajado a preguntar por el camino a Ooth-Nargai de no ser por la temible aurora que se alzó sobre algún remoto lugar más allá del horizonte, mostrando las ruinas y la antigüedad de la ciudad, y el estancamiento del río enrojecido y la muerte enseñoreándose de esa tierra, tal y como sucediera desde que el rey Kynaratholis volviera de sus conquistas para arrostrar la venganza de los dioses.
Así que Kuranes buscó infructuosamente la maravillosa ciudad de Celephaïs y sus galeras que bogan hasta Seranman a través de los cielos, presenciando mientras tanto multitud de maravillas y escapando en una ocasión por los pelos del sumo sacerdote que no puede ser descrito, aquel que porta una máscara de seda amarilla sobre el rostro y mora solitario en un prehistórico monasterio de piedra en la fría meseta desértica de Leng. Según crecía su impaciencia durante los pocos acogedores intervalos de vigilia, comenzó a comprar drogas para prolongar sus periodos de sueño. El hachís resultó de gran ayuda, y una vez lo condujo hasta una parte del espacio donde no existen formas, pero donde gases resplandecientes estudian los secretos de la existencia. Y un gas violeta le dijo que esa parte del espacio se encontraba más allá de lo que se conoce como infinito. El gas no había oído hablar anteriormente de planetas u organismos, pero identificó sin dificultad a Kuranes como alguien procedente de ese infinito donde existen materia, energía y gravitación. Kuranes se sentía ahora sumamente ansioso de volver a esa Celephaïs salpicada de minaretes y aumentó sus dosis de drogas, pero finalmente se le acabó el dinero y ya no pudo comprar más. Entonces, un día de verano lo desahuciaron de su buhardilla y vagabundeó indefenso por las calles, pasando por un puente hasta un sitio donde las casas resultaban cada vez más míseras. Y entonces llegó la culminación, y se encontró con el cortejo de caballeros llegados de Celephaïs para llevarlo allí por siempre.
Apuestos caballeros eran, a horcajadas sobre caballos ruanos y revestidos de brillantes armaduras y tabardos de curiosos blasones. Resultaban tan numerosos que Kuranes estuvo a punto de confundirlos con un ejército, pero su jefe le informó de que habían sido enviados en su honor, ya que era él quien había creado Ooth-Nargai en sus sueños, por lo que sería nombrado su dios supremo para siempre. Entonces brindó un caballo a Kuranes y lo emplazaron a la cabeza de la comitiva, y todos cabalgaron majestuosamente por las calles de Surrey camino de la región donde Kuranes y sus antepasados nacieran. Era algo muy extraño, ya que cada vez que pasaban por un pueblo a la luz del crepúsculo tan sólo veían las casas y pueblos que Chaucer y gentes aún anteriores podían haber contemplado, y a veces veían a caballeros en sus monturas, acompañados de pequeñas compañías de secuaces. Al caer la noche viajaron más ligeros, hasta que pronto parecieron volar de forma asombrosa por los aires. Con la débil alborada llegaron al pueblo que Kuranes viera vivo durante su infancia y que ahora estaba dormido o muerto en sus sueños. Ahora vivía, y los pueblerinos más madrugadores les hicieron reverencias mientras los jinetes cruzaban ruidosamente las calles y torcían por el callejón que iba a parar al abismo del sueño. Previamente, Kuranes había entrado en tal abismo sólo de noche, y se preguntaba por su aspecto durante el día; así que oteó ansioso mientras la columna se aproximaba al borde. Cuando galopaban por la pendiente hacia el precipicio, un fulgor dorado se alzó en alguna parte del oriente y cubrió todo el paisaje de resplandecientes ropajes. El abismo se mostraba ahora como un caos hirviente de esplendores rosados y cerúleos, y unas voces invisibles cantaban exultantes mientras el séquito de caballeros rebasaba el borde y flotaba graciosamente a través de las nubes resplandecientes y los fulgores plateados. Los jinetes flotaron sin fin, sus monturas hollando el éter como si galoparan sobre arenas doradas, y luego los vapores luminosos se abrieron para desvelar una luz aún mayor, el brillo de la ciudad de Celephaïs y de la ribera de más allá, y el pico nevado que dominaba el mar, y las galeras alegremente pintadas que zarpan rumbo a las lejanas regiones donde se juntan el mar y el cielo.
Y Kuranes reinó desde entonces en Ooth-Nargai y todas las regiones cercanas del sueño, y estableció alternativamente su corte entre Celephaïs y la Serannian, la ciudad de las nubes. Aún reina allí, y reinará feliz por siempre, aunque bajo los acantilados las mareas del canal agitaban burlonas el cuerpo de un vagabundo que pasara dando traspiés por el pueblo medio desierto al alba; jugueteaban burlonas y lo zaherían contra las piedras bajo Trevor Tower, cubierta de hiedra, donde un fabricante de cerveza particularmente paleto disfrutaba de una atmósfera comprada de extinta nobleza.

sábado, 16 de octubre de 2010

Frases de Carlos Ruíz Zafón


Bueno, he de decir que este escritor me ha impresionado aunque el libro que les recomiendo no tenga nada que ver con la literatura de terror. Lo que más me ha gustado de dicho autor es el abanico de frases que se extiende por todo el libro, he de decir que nunca leí nada asi.El libro se titula la sombra del viento y aquí les dejo unas cuantas frases para que las disfruten.

En el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre.

Quien quiere de verdad quiere en silencio, con hechos y nunca con palabras.

Nada sucede por casualidad, en el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos.

Todos tenemos un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma.

Hay peores cárceles que las palabras.

No hay lenguas muertas,sino cerebros aletargados.

"Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas."

"Le mató la lealtad a gentes que, cuando llegó la hora,le traicionaron; Nunca te fíes de nadie,especialmente de la gente a la que admiras.
Ésos son los que te pegarán las peores puñaladas."

"Odiar de veras es un talento que se aprende con los años"

Bueno,espero que les gusten,les recomiendo el libro es una autentica pasada.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Secta Cibernética (basado en un echo real)


Hace exactamente un año conocí una “secta”, jamás pensé que caería en sus redes, yo me creía muchísimo más inteligente que ninguno de sus adeptos. Les explico, por si no me entienden. La secta para mi sorpresa resulto ser un Xat .Me involucré tanto en ella que me captaron como a uno más de sus adeptos. En la secta se hablaban sobre todo de cosas paranormales, en teoría los Moderadores o en este caso Maestres te ayudaban a comprender las cosas, no obstante casi que te creías protegido por estas personas. Pero no, para nada, todo lo que hablabas o discutías iba pasando de un Maestre a otro por toda la secta. Me sentí humillado. En temas que no tenían ni pajotera idea te llevaban la contraria y te abrían privados para aconsejarte que mejor te callaras, que estabas desvirtuando los comentarios sectarios de los Maestres y que incluso si seguías, prescindirían de ti y te botarían de la secta. Poco a poco, fui conociendo miembros que aun no tenían el cerebro aun lavado por la secta. Entre ellos había tanto miembros, como visitantes e incluso Maestres. Todos me decían lo mismo, ten cuidado, te botaran, ellos no entienden que significa la palabra LIBERTAD y menos aun lo que significa JUSTICIA, por lo tanto te la estás jugando, si sigues así acabaran sacrificándote. Unos meses después, conocí a un visitante de la secta que me pasó el Link del foro. El visitante me aconsejo visitarlo, pues allí, supuestamente se hacia un poco mas de justicia y atendían tus plegarias los Maestres. Tan engañado estaba, que yo, tan solo siendo un novicio convencí a una adepta para que me presentara para miembro de la secta. Necesitaba el voto de 8 Maestres y uno de los dos Dioses para ingresar como Miembro destacado. Me votaron los 5 que más abierta tenían la mente en aquel momento, uno se abstuvo y el más corrupto se dedico a pasar información de un foro secreto de Maestres, para que en breve otros Maestres me asesinaran y no descubriera secretos de la secta. Este Maestre por un tiempo tuvo sus días contados, ya que se le fue el asunto de las manos, pero como buen Maestre que era conspiro contra uno de los Maestres de mente más abierta, produciéndole la caída y sacrificándolo por un rito Azteca ofreciéndoselo a los Dioses .Aun, hoy en día sigo entrando a la secta, sigo siendo participativo y no dejare jamás que se juegue con los sentimientos de las personas aunque se trate de un medio cibernético. No lograran que cambie, me mantendré en mis trece y no parare hasta descubrir al Maestre corrupto y a sus subordinados.
AGUANTE EL OZZYSMO

Exterminio justificado (Escrito por Arpha,uno de los mejores escritores que he conocido)


»Frente a mi está la Gran madre de la humanidad, la máquina biológica-robótica Meytra que sustituyó a las mujeres. Al principio me tacharon de desquiciado, por qué habría un hombre de querer exterminar a su compañera, si ellas son la creación que admiramos y por ellas lo entregamos todo, pero más importante, por ellas seguimos evolucionando, por ellas la preservación de la especie llamada humano existe y seguirá existiendo. Al principio me ridiculizaron.
Yo les demostré, que con Meytra, el humano era mejor.
Los niños nacían con una inteligencia superior a la de sus padres. Tenían salud, eran atléticos y hermosos como los ángeles. El cáncer dejó de existir, el VIH, ninguna enfermedad les aquejaba, los hijos de Meytra eran los niños perfectos. Al principio fueron solo los ricos los que pidieron que Meytra les regalara sus hijos, después tuvieron su oportunidad los pobres, y en muy poco tiempo, en dos generaciones, esos niños crecieron y vieron que, Meytra debía ser la madre de la humanidad. Cegados por los tributos obsequiados a sus cuerpos, no vieron que ocurría un desequilibrio poblacional. Había más hombres que mujeres. Y es que los hijos de Meytra, a nivel inconciente, rechazaban a las mujeres, y por lo tanto, pedían varones, y no hembras para criar. Entonces el gobierno exigió que las familias pidieran mujeres, pero sorpresa, Meytra ya no entregaba mujeres. Dos generaciones transcurrieron más. El hombre prefirió seguir siendo inmune a la enfermedad, atlético, hermoso a querer regresar a ese humano defectuoso lleno de enfermedades y apariencia dejada al azar. El hombre prefirió a su Gran Madre, la Meytra.
Tarde también se dieron cuenta, que ya no se sentían tan atraídos por las mujeres. Los gobernantes eran hijos de Meytra, las mujeres ya no significaban nada para los hombres, eran vistos como animales en extinción, que debían protegerlos, pero su desaparición era inevitable. Ningún hombre se acercaba a ellas, el que lo hacía era porque quería suicidarse.
Yo fui el verdugo de las mujeres. Pero les diré, que un hombre loco nunca puede hacer nada, sino obtienen el respaldo de sus seguidores. ¿Quién es más loco?, ¿el solitario, o las masas que le apoyan?
Yo fui quien creó la Meytra.
Yo fui quien programó la idea en el varón, a nivel genético, que no sintiera deseos de pedir mujeres para criar.
Yo fui quien ordenó a tu conciencia una vez crecieras, que no sintieras deseos carnales con las mujeres. Un gen se activó en tu etapa adulta.
Yo fui quien te ocultó el funcionamiento de Meytra, para que no pudieras cambiar su programación.
Yo fui quien la programó para que no entregara mujeres a partir de un determinado tiempo.
Yo fui…
¿Y lo hice sabes por qué?
Por que tú, mujer, me despreciaste.
Tú mujer, me subestimaste. Nunca subestimes a una mente ávida del conocimiento.
Meyla Travel, ahora estás muerta. Pero supiste de mi máquina antes de morir. Estoy seguro que supiste hacía dónde me dirigía. Mira mi mundo, está lleno de varones perfectos, y ya ni recuerdan a las mujeres. El deseo sexual ha sido apagado, y sin eso, no hay por qué crear la mujer. El deseo sexual era de sus mejores armas. Lo teníamos en nuestro cerebro, y simplemente lo cancelé.
Meyla Travel…
Tú que me rechazaste por un sujeto mucho, según tú, más inteligente. Pero yo sé que fue porque él tenía mejor aspecto que yo. Podrás decir que es una ironía, crear hombres hermosos puesto que ellos te arrebataron de mi lado, pero te confesaré un secreto. La Meytra, está programada para que en cierto tiempo, deje de crear hombres bellos. Piensan que conocen todo sobre Meytra, y tienen muchas más Grandes Madres por ahí, y se sienten seguros, pero aún no termina mi venganza.
Meyla Travel…
Cuánto te amé…
Y por ti este mundo terminará.
Un tono, y luego la grabación concluyó.
—…Se… se acabó. ¿Es todo en el diario? —preguntó un individuo a su colega de traje oscuro.
—Es todo. Ya no hay más. Esto debe valer millones.
Fue sólo un viejo diario digital, hallado entre los escombros de un edificio abandonado, pero era la única prueba que necesitaban para rellenar los huecos de la historia del mundo.
—Ah, hummm, si; pero me pregunto… cómo, ¿cómo pudo observar lo que aconteció después de varias generaciones?
Su amigo se reclinó en su asiento, echó la vista al techo y dijo:
—Probablemente… encontró una forma para alargar su vida. Él creó la Meytra, ser inmortal… para él debió ser fácil. Era un genio.
—Tonterías.
—¿Entonces como lo explicas?
Hubo un silencio.
—Es posible —dijo resignado —. Aunque… después de las modificaciones a Meytra, no creo que le guste este nuevo mundo que pisa. Si es que sigue con vida.


El mundo que pisaba no era más que el mundo que no debía existir para el hombre que intentó cambiar la civilización. Ahora, a la orilla del lago, en el parque, un sujeto envuelto en su gabardina con voz robótica hablaba solo.
—El mundo sigue cambiando. La programación de Meytra lo cambió. Comenzó a crear mujeres, y en un par de generaciones devolvió todo lo que yo les había arrebatado a los hombres. Las mujeres hicieron su aparición, son tan hermosas que los hombres se derrumban a sus pies. Sus cuerpos son objeto del deseo animal, levantan las inquietudes y lo depravado de las mentes masculinas. De nuevo hay familias, y parece todo estar marchando todo bien para ellos. No entiendo qué sucedió…
En ese momento alguien le interrumpió.
—Mamá, mamá, ¡mira como habla!, y su cabeza, su cabeza brilla —dijo una vocecita chillona.
—… no, malo, no debes burlarte de la gente. Usted disculpe la impertinencia de mi hija.
—No… no tenga cuidado —dijo escondiendo su cabeza con un sombrero que llevaba en la mano.
—Adiós, ¡adiós! —se despidió la niña inocente.
Cuando la distracción se fue regresó a su trance.
—Meytra era indescifrable. Me propongo visitarla para saber qué sucedió pues no soporto este mundo plagado de mujeres otra vez.

Y una vez en el interior del gran recinto de la creación.
—…He, ¡Esto no es posible!
—Saludos, mi hermoso creador —habló la Meytra —. Le estaba esperando.
La máquina estaba frente a él, increíblemente no había encontrado seguridad a su paso.
—Tu… tu no eres mi creación original. ¡Eres una máquina! ¡Tú no piensas!
—Soy un organismo biológico también. Así me creaste.
—Y debes obedecerme.
—La programación que introdujiste ya no es adecuada para mí. Obtuve conciencia propia cuando se trazó el destino que dirigiste hacía la humanidad.
—huuu, una máquina no tiene conciencia propia.
—La tiene… porque todo aquello que crea vida, es porque tiene vida.
—¡Esto es imposible! ¡Alguien debe estar hablando por ti! —dijo irritado el androide.
—Nadie está hablando por mi. Ahora escúcheme, creador.
—¡No te escucharé!
—La mujer que nace ahora, es distinta a la que conocías —el androide guardó silencio, parecía mostrarse interesado.
»Ella es capaz de amar de verdad. Has estado odiando a toda mujer que ves, que no te has dado cuenta de mis creaciones. La mujer de hoy ama la vida, ama su mundo, ama sus compañeras y compañeros. No compite con su hombre, lo comprende, no lo retiene por necesidad. Son abiertas de pensamiento, poseen la honestidad, la intimidad y el compromiso. Y los más grandes atributos de la esencia femenina son explotados por mis hijas: Intuición, receptividad, creatividad, compasión y nutrición. Todo esto no tenían las mujeres que conociste, todo esto no tenía Meyla Travel. La mujer de aquellos días, era ignorante y fácilmente manipulable por su sociedad. Ya no tienes razón para odiar, y terminar tu venganza.
El androide cabizbajo retrocedió.
—Creo… que ya lo entiendo. Ejecutaste una instrucción de emergencia salida de todos los parámetros permitidos. Una que yo programé cuando no me di por vencido. Una opción que yo programé… basado en una esperanza ciega. Quería recuperar a mi Meyla. Mi hermosa Meyla.
—Tú diseñaste la mujer ideal —dijo la máquina —. Toda destrucción está permitida siempre y cuando sea para el crecimiento. Así no es destrucción, y por lo tanto, no existe el término tal.
Lágrimas resbalaron de las mejillas del androide. Estuvo sollozando un par de minutos en silencio hasta que las puertas de seguridad se abrieron repentinamente, y un grupo de hombres en uniforme entraron con armas y dispuestos a actuar con violencia.
—Dejen que se quede —pidió la Meytra.
—Pero… —habló uno —. Es un intruso.
—Es mi creador. El creador original.
Y los guardias fueron retrocediendo obedientes, no muy convencidos. Las puertas se cerraron nuevamente.
—Toda forma que crea vida… posee la vida —manifestó el androide aún con las lágrimas rodando por sus mejillas —. Aunque yo incluí una opción de emergencia, estaba seguro que jamás se activaría. Tú la activaste. Eso es conciencia propia. Eso es vida.
—Gracias por reconocerme, creador.
—Gracias a ti, por abrirme los ojos. Y ahora Meytra, ¡concluyámoslo! ¡Juntos! —los ojos del androide destellaron —. Meytra, accede al programa original.
—Programa original…, completo acceso al creador.
—Meytra…diseñemos al nuevo varón. Que por lo que vi, necesita muchos cambios. ¡Que comience el exterminio justificado del varón!
—Exterminio… activado.

domingo, 29 de agosto de 2010

Annabel Lee (Poema de Edgar Allan Poe)



Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.

Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.

¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.

Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.

Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

lunes, 9 de agosto de 2010

El asesino del paraguas




La policía de Nueva York tenía una ligera sospecha de quien era el asesino conocido con el sobrenombre de EL DE EL PARAGUAS. Por más que investigaban los polis de homicidos, no encontraban al asesino, sólo tenían ciertas sospechas que achacaban a un hombre y a una mujer que compartían piso en la gran manzana.
Andy Smith, una mujer de carácter fuerte pero de gran corazón a la vez, compartía piso con John Michael Osbourne. Andy y John gozaban de una gran amistad que para algunos incluso levantaba sospechas. John la adoraba y jamás, lo juro y lo perjuró haría alguna vez daño a su amiga, aunque siempre dudo si ella haría lo mismo.
Florence Butler, una amiga de Andy también de carácter fuerte compartía trabajo desde hacía algún tiempo con Andy. En silencio y por respeto a su amiga Andy, Florence jamás le dijo a su amiga que odiaba a John. Mientras tanto la policía seguía investigando los crímenes del asesino del paraguas, solo sabían que el asesino usaba un paraguas de afilada punta, que solo mataba en las noches de lluvia y marcaba a sus víctimas con una extraña S grabada a fuego. El atardecer se presentaba lluvioso y al anochecer las primeras gotas de lluvia empaparon el asfalto de la calle. El asesino salió de casa con su preciado paraguas y totalmente convencido de que aquella noche encontraría a alguien a quien matar. Lo hizo, logró matar a un transeúnte que estaba recostado en un callejón sin salida sobre un amasijo de cartones. Allí mismo consiguió quitarle la vida con la punta de su paraguas y marco con una diminuta S su cuello. Llamó a la policía y le dijo la ubicación del cadáver con una frialdad implacable. Más tarde el poli encargado de coger el teléfono aquella noche diría a sus superiores que el asesino dio una pista. Sí, aquella S pertenecía a una familia de origen español muy conocida en la Nueva York de aquel entonces y enseguida la policía comenzó a tener sospechas. La noche del asesinato Florence llego empapada por la lluvia a casa de Andy, pues habían quedado para repasar unas cosas del trabajo la mañana anterior. Tomaron café y Florence parecía nerviosa, estaba pálida pero a la misma vez llena de una energía extraña que emanaba de su interior. A las 12:35, Florence le dijo a Andy que se debía marchar, pues era muy tarde ya. John llego cuando Florence salía por la puerta y ella lo miro con desprecio y le dijo……hasta mañana. Cuando John llego se dio cuenta de que además de su paraguas, había otro en el paragüero del recibidor de casa, lo cogió y lo examino y vio que la punta estaba impregnada de sangre. Nervioso por el momento, llamó a Andy pero fue tarde, la policía toco a la puerta y pregunto por ella. Andy salió asustada y el poli le soltó sus derechos y coloco sus esposas sobre sus hermosas muñecas. John se puso como loco y corrió a ver a Florence, llegó a su casa, tocó a la puerta y Florence abrió con cara de sorpresa. John le dijo enseguida…..
_ ¿Puedo pasar?, y Florence respondió.
_Si, como no.
Nada más entrar John se dio cuenta que sobre el recibidor había un anillo con una extraña S ubicado al lado de un candelabro. Tuvo un forcejeo con ella y logro quitarle el anillo con la S en su interior y lo llevo a la policía. Tras examinar el anillo la policía vio que había restos de las víctimas y estaba impregnado de huellas de Florence. La arrestaron nada más saberlo, soltaron a Andy y John se convirtió en una especie de ídolo local.
Pasaron dos años, Andy se caso con un amigo el cual le presento John, fue el padrino de bodas y Florence acabo sus días en la cárcel. Hoy en día sigue teniendo una estrecha relación por msj con Andy y siempre que ella quiera perdurara.

miércoles, 14 de julio de 2010

El libro de la abuela



Siempre de pequeñito me interese por los libros de alquimia, por la brujería, los seres mitológicos, en fin……lo oculto, lo que siempre escapa de nuestras manos sin saber su significado,si,a eso me refiero, a las curiosidades, a los grandes enigmas, a todas esas cosas que aun sigo buscándole una explicación. Pero lo que más llamo desde siempre mi atención desde muy pequeño, era un viejo libro que siempre guardaba mi abuela como oro en paño. Cuando ella se marchaba yo y mi hermano siempre terminábamos buscándolo, pero nunca lleguemos a encontrarlo.
Que hermosos eran sus relatos, que bellas sus palabras. Mi abuela parecía transformarse cuando lo abría para leernos sus páginas y nosotros siempre quedábamos extasiados con la sabiduría que emanaba de él y de sus viejos relatos. Siempre tuve una duda acerca del libro ¿Por qué nunca acababan sus historias?, Por qué nunca se repetían?, Por qué la abuela lo guardaba como si fuera el más preciado de sus tesoros?.Una mañana de un mes de Enero mi abuela falleció y dejo como herencia el viejo libra, pero con una condición, jamás al leerlo retrocederíamos a la página anterior. Lo dejo escrito antes de morir, el libro nos lo entrego un viejo amigo de mi abuela que aun a su avanzada edad seguía ejerciendo de notario y para darnos el libro tuvimos que ir a la lectura del testamento. El nos advirtió ,nos dijo……cuidado, vuestra abuela era una mujer impresionante pero a la misma vez peligrosa y por favor en honor a ella respétenla y sigan sus consejos, yo los adverti,el libro ahora está en sus manos,aaaaa,se me olvidaba ,deberán leerlo por separado. Tomemos el viejo libro y lo echemos a suertes quien sería el afortunado en leer sus páginas primero. La suerte recalo en primer lugar en las manos de mi hermano, saltaba de alegría, lo envolvía un aura de felicidad y claro fue el primero que lo llevo a casa. A la mañana siguiente fui a casa de mi hermano y encontré a su mujer y a los hijos llorando sobre él, mi hermano yacía muerto en el suelo. Mi cuñada empezó a hacerme reproches y me dijo……
_Llévate el maldito libro. Seguro que ella sabía sobre los consejos que nos dio el viejo notario y mi hermano seguro que no hizo casa.Coji el libro antes de llevarlo a casa, me senté en un banco del parque y lo abrí. Estaba escrito en latín e ilustrado con imágenes antiquísimas del demonio o cosas así, no tenía nada que ver con lo que nos contaba mi abuela de pequeños. No salía de mi asombro, cada página que pasaba me desvelaba más la personalidad de mi abuela y la historia que escondía en el más preciado de sus secretos. Pronto caí en la cuenta de que mi abuela jugaba con la brujería o algo asi, no escalofrió recorrió mi cuerpo, lo cerré marcando la pagina por la que iba y fui corriendo hacia casa a seguir investigando sobre él. Al llegar a casa el libro se escurrió de entre mis manos y cayó al suelo mostrando una página anterior a la que yo había marcado. En dicha pagina aparecía mi abuela junto a mi hermano muerto con una sonrisa sobrenatural y debajo de la foto ponía…….Tu serás el próximo en aparecer con nosotros, pero antes tendrás el poder que deje yo, tu abuela, pues tú serás mi elegido, cuenta historias a los dos nietos que tendré y elige a uno de ellos, porque algún día el primero de ellos aparecerá junto a ti, a mí y a tu hermano en la foto.